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Es mucho lo que se puede escribir sobre este edificio, pero aquí solo vamos a intentar esbozar unos rasgos que nos permitan fijar un conocimiento sencillo sobre él.

Menos es más, por lo menos para empezar.

UN POCO DE HISTORIA

La fábrica de Tabacalera es, posiblemente, el edificio histórico más significativo de Gijón, con dos etapas claves en su configuración: el convento y la fábrica de tabacos.

El Convento

Hacia finales del siglo XVII se construye el convento de las Agustinas Recoletas; se trata, pues de un edificio barroco.

Se sitúa en una finca de gran tamaño del barrio de Cimavilla, rodeada en su totalidad por un muro de piedra de gran altura: la cerca conventual.

La edificación principal está constituida por el convento propiamente dicho, la iglesia y la vicaría, que forman un conjunto heterogéneo de distintas alturas, con una silueta quebrada y unas fachadas con una composición de huecos desordenada.

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El convento se organiza en torno a un patio cuadrado o claustro; la iglesia tiene planta de cruz latina y la vicaría es como una casita de planta baja.

Toda la arquitectura es de una gran austeridad y solamente la iglesia presenta un lenguaje más elaborado, principalmente en su interior.

La construcción del convento supuso un gran esfuerzo para los vecinos de Gijón, dado que con su precaria economía tuvieron que sufragar el coste de las obras mediante donativos y sobre todo con impuestos. Sin embargo, tal esfuerzo no se vio recompensado de forma alguna, ya que en el enorme edificio solo habitaron unas pocas personas que llevaban una vida contemplativa, encerradas y rezando a Dios.

La duración de esta etapa fue de algo más de 150 años.

La Fábrica de Tabacos

Con la desamortización a mediados del siglo XIX del convento se crea la primera fábrica de Gijón, la Tabacalera, que se puede considerar el hecho fundacional de la ciudad contemporánea. Supone el paso de la villa medieval a la ciudad industrial, proletaria y revolucionaria.

Esta etapa se caracteriza por la reconversión del convento en fábrica, lo que supone transformaciones radicales tanto en el edificio como en la finca conventual, todas ellas encaminadas a aumentar la superficie construida por necesidades de su uso industrial.

En la edificación principal se tiende a regularizar su composición, construyendo una planta más en el convento y dos en la vicaría, con lo que todos los tejados quedan enrasados con el de la iglesia. También se busca uniformizar la disposición de los huecos de fachada, siempre que no interfiera con los usos fabriles.

 

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Simultáneamente, en la finca conventual se van construyendo talleres y naves industriales hasta su total colmatación.

El resultado final es una especie de poblado industrial, en el que el edificio principal está rodeado por una serie de construcciones que se comunican entre sí, creando una sucesión de recorridos a distintos niveles.

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La constitución de la fábrica de Tabacalera supuso abrir el convento a la ciudad, así donde antes vivían menos de 30 personas, pasaron a trabajar más de 1.500 mujeres. De esta forma se produce un importante retorno económico y social a los ciudadanos de Gijón, que con tanto esfuerzo costearon el convento y trabajaron en la fábrica.

En el año 2002 la fábrica de Tabacalera de Gijón cerró definitivamente sus puertas, tras más de 150 años de funcionamiento.

 

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